Distancias entre arte social y aburrimiento

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La percepción promulgada por el crítico de cine y periodista político, Ascanio Cavallo, de que el cine en Chile se ausenta de los escenarios sociales y políticos, tuvo su asidero argumental luego del estreno de la película Gloria (2013), de Sebastián Lelio, y con el libro que él mismo editó junto a Gonzalo Maza (guionista de Gloria), El cine novísimo chileno (Uqbar, 2011). Al leer sus declaraciones, éstas me parecieron parciales por no incluir una descripción del arte que se viene produciendo desde hace tantos años, en la pintura y el cine, y en la interconexión o Sigue leyendo

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La vida de Adele y Fucking Amal: 2 bildungsroman lesbiano-femeninos

En respuesta a G y Silviasan

Ahora que he visto Show me love o Fucking Amal (1998) de Lukas Moodysson (en español), puedo decir que no sentí mayor emoción que la que sentí al ver La vida de Adele, ni por cerca. FA marca un precedente en el cine de crecimiento de mujeres lesbianas, pues tiene un estilo casi didáctico para que el espectador comprenda cómo se inicia una relación entre mujeres en un espacio social que no está preparado para aceptarlas. Los diálogos, actuaciones, ambientación y música grunge de la década de los noventas, lucen gastados al representar la intensidad emocional de los personajes que con dificultad intentan expresarse. Asimismo, el cómic de Julie Maroh, que sirvió de base al guión de LVDA, está más cerca de FA en cuanto a recursos formales. En cambio, los mismos recursos en LVDA, diálogos, actuaciones, iluminación y música, fluyen sin resequedades.

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La vida de Adele, capítulos 1 y 2, (2013)

La belleza de la joven Adele a veces se oculta entre gestos masculinos que delatan su voracidad, pero eso no restará interés al espectador/espectadora de La vida de Adele, sino al contrario, una vez que comience a verla no podrá dejarla a un lado. Ella consume y disfruta sin fingir las cosas que prefiere, la comida italiana, los kebabs, libros sobre amores sin barreras, el cine de Kubrick y Scorsese, la música de raíces como el reggae, etc. Pero los chicos le gustan menos, en su colegio conoce a uno que le deja una sensación de insatisfacción y tristeza; ser franca y enfrentar su deseo requiere romperle el corazón a su compañero de escuela, o al menos darle una buena baja a su autoestima, lo que le hace perder cierta firmeza también a ella. A pesar de todo esto, Adele quiere dejar de ser una niña, es por eso que es perseverante en encontrar lo que busca.

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Philomena (2013): El viaje espiral de dos irlandeses

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Veo esta película meses después de su estreno en Chile, momento en que la Iglesia Católica se ve obligada a investigar a un conocido sacerdote santiaguino, por las adopciones ilegales de hijos de madres solteras, que gestionó durante las décadas de los setentas y ochentas. Hasta ahora poco se sabe de los casos, sólo lo que un medio digital publicó para difundir la punta del iceberg.

La historia de Philomena es similar y realmente sucedió en Irlanda a principios de los años cincuentas, cuando la adolescente Srta. Lee enfrenta su embarazo como si fuera un castigo divino en el convento de los Sagrados Corazones. Luego de dar a luz, comienza a trabajar de lunes a lunes en la lavandería de la institución a cambio del cuidado de su pequeño Anthony, a quien las monjas del convento entregan en adopción por dinero, sin siquiera preguntarle a la madre. Sigue leyendo

Construcciones hechas de melancolía: Gran Hotel Budapest, de Wes Anderson (2013)

Si la imaginación es como la primera maqueta que los directores tienen para hacer cine; en el cine de Anderson, ese mapa está hecho con recuerdos que provienen en gran parte de la melancolía del autor. Esa palabra que suena a armonía, pero que define un estado de ánimo contradictorio, nauseabundo y casi enfermizo para algunos críticos.

La última película de Wes Anderson, uno de los directores de cine que más gustan a un público catalogado de indi, muestra definidamente dicho padecimiento de una manera completa para entender lo que significa ser melancólico.

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El otro día (2012): Señales desde la casa de Ignacio Agüero

Ignacio Agüero aparece en su último documental como un explorador, un antiguo marino en busca de libertad narrativa, pero que siempre lleva consigo un centro inmóvil. En El otro día, demuestra que todos sus documentales son sobre lo que hay entre él y Chile, distancias imaginarias recorridas a veces con una meta definida; otras, simplemente con el fin de viajar y aprender algo en el camino.

En ese campo historiográfico se mueven los documentales de Agüero:  El diario de Agustín, Como me da la gana, Aquí se construye, No olvidar, 100 niños esperando un tren y La abuela de mi mamá le contó a mi mamá. Cada uno de ellos construye un espacio de memoria acerca temas como la dictadura, derechos humanos, progreso, país y ciudad, educación, cultura y folclore.

El profesor y crítico nacional de cine, José Roman, parte escribiendo la frase “Entre el ser y la nada” (1986) en su análisis de Como me da la gana, documental que nació de la duda de Agüero: ¿hacia dónde vamos los cineastas chilenos en dictadura?  Elijo la oración “entre el ser y la nada” porque sirve como premisa para cualquier ejercicio que busque pureza en el pensamiento o mirada. Porque la duda y la reflexión producida entre el ser y la nada, es el motor inmóvil que impulsa a Agüero a buscar nuevos recorridos en sus documentales, como en El otro día, documental ganador de la competencia nacional del FIDOCS 2013.  Sigue leyendo

Cine como emulación del sentir: Une jeunesse amoureuse (2012) y Accidente (2006)

caillat Un amor joven

Hasta el momento, Une jeunesse amoureuse, de François Caillat, y Accidente, de Cao Guimaraes y Pablo Lobato, son las mejores películas que he visto en esta 17º versión del Festival de Documentales de Santiago, y ambas comparten un fino avance en la narración subjetiva del cine.

Pocos años atrás, vino Caillat a Chile a este mismo festival, a presentar películas suyas como El caso Valerie (2004) y Tres solados alemanes (2001), y en una entrevista contó que, luego de experimentar en el ámbito de la neurociencia, llegó a la conclusión de que el cine inventó lo que pasa en el cerebro, ya que al trabajar separadamente las palabras, la música y el sonido, o ruido, y luego, al intercalar esos elementos, el cine simula el funcionamiento cerebral. Una idea original y coherente con las películas  de Caillat, y con Accidente, del brasileño Cao Guimaraes, que también es conocido por sus obras de artista visual. Sigue leyendo