Susan Sontag, la escritora con nombre de superhéroe


 

FullSizeRender

          Desde hace una década más o menos que admiro a Susan Sontag. Fue en mis tempranos años de estudiante de periodismo que escuché su nombre por primera vez. No fue en la universidad ni en una conversación entre amigos, sino que una noche en mi casa mientras veía El Interruptor por la televisión. José Miguel Villouta la nombró como la escritora que debíamos leer. Luego recuerdo haber comprado varios de los libros de ensayos que pude encontrar en una librería de San Diego.

Empecé leyendo Contra la interpretación, Bajo el signo de Saturno y Yo, etc. Cada vez que viajo y paso por librerías voy buscando su nombre. Lo último que leí fue la entrevista completa que dio al escritor y periodista free lance, Jonathan Cott, para la revista Rolling Stone en 1979, cuando tenía cuarenta y seis años y ya había escrito su libro La enfermedad y sus metáforas, es decir, ya había pasado por el episodio de su batalla contra un cáncer mamario y estaba en una época de plenitud intelectual.

La he leído en tantos formatos como se puedan imaginar, también he visto sus entrevistas en televisión junto a la gran Agnes Varda, donde defiende el derecho humano a ser distinto, de pensar libremente y de actuar según esa lógica. De sus textos recuerdo el que escribió sobre Artaud, un dramaturgo que culturalmente es visto como representante de lo experimental y el arte de difícil acceso, y sin importar eso, Sontag lo comenta como a un autor único, lo desmembrana y lo deja expuesto al entendimiento público.

Otro texto que recuerdo es su homenaje al estilo camp. Nunca he podido olvidar esa lámpara con forma de árbol y flor, que me recuerda a la tipografía del metro parisino. También están sus Notas sobre la fotografía que me hicieron entrar al mundo de los signos de Barthes, con La cámara lúcida.  

Al terminar recientemente La entrevista completa de Rolling Stone,  me di cuenta que había leído el libro como si la hubiera estado escuchando realmente a ella conversar en el living de su departamento, como si hubiera formado parte de esa alegre reunión entre dos amigos. Al sentir esto empecé a analizar los elementos de la entrevista que me habían gustado más. Y empecé a recordar lo sensato que me pareció y lo satisfecha que me sentí, al leer que Susan había esperado muchos años para dar esa entrevista con la persona adecuada, ya que tiempo atrás había tomado la decisión de dar entrevistas solamente cuando se sintiera segura de que lo que dijera sería lo que la interpretara. Eso, para empezar, hizo que tomara firmeza en mi asiento y siguiera leyendo con gusto.

Otro momento cúlmine es cuando hablan de música y de lo genial que es lo que el rock le transmite. Sabía que le había gustado el punk, pero nunca la había leído hablar de su historia musical, que había sido muy culta en la época que estuvo casada y trabajaba con el padre de su hijo, y que luego, con el tiempo, había llegado a sentir real pasión por el rock and roll y la música de Patti Smith.

Otro punto de gran realce es cuando habla de sí misma, ya que es algo totalmente inusual en su escritura y además lo hace sin complejos. Al referirse a su manera de amar, pensar y  vivir, empata finalmente: bueno, así soy yo, y eso no quiere decir que esté bien. Lo que no acepta tajantemente es que la cataloguen de escritora femenina, pues no cree que en el pensamiento haya distinciones de género, sino que más bien existen convenciones culturales en las que se acepta que una mujer escriba de una manera y de ciertos temas, más que de otros.

Hay en el libro un elemento que me hace creer que tenemos un rasgo en común, y bueno, aquí es donde siento pudor. Sin embargo, su confesada timidez y necesidad de estar cerca de personas demostrativas, para permitirse el gusto de ciertos impulsos, es algo que siento familiar. Característica que puede parecer contradictoria en una de las intelectuales más tolerantes del siglo XX. Una de sus virtudes, reconoce en la entrevista, es que puede aceptar a la personas tal como éstas sean.

Por estos motivos la entrevista a Susan Sontag es un libro que me dio gratas sorpresas, y la posibilidad de pintar en mi imaginación la figura de una de mis escritoras favoritas. Me encantaría leer algún día la biografía de una niña que a los seis años ya era admiradora de Jack London, y que tenía una relación con los libros y el pensamiento humano que cualquier educador quisiera transmitir a sus estudiantes.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s