Distancias entre arte social y aburrimiento


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La percepción promulgada por el crítico de cine y periodista político, Ascanio Cavallo, de que el cine en Chile se ausenta de los escenarios sociales y políticos, tuvo su asidero argumental luego del estreno de la película Gloria (2013), de Sebastián Lelio, y con el libro que él mismo editó junto a Gonzalo Maza (guionista de Gloria), El cine novísimo chileno (Uqbar, 2011). Al leer sus declaraciones, éstas me parecieron parciales por no incluir una descripción del arte que se viene produciendo desde hace tantos años, en la pintura y el cine, y en la interconexión o intertextualidad de ambos. Las obras a las que me refiero no llegan a ser asociales, porque este concepto, pertenezca a quien pertenezca, es ideológico e imposible de practicar en el arte y la cultura. Es cosa de ver las pinturas en movimiento y el cine minimalista de los artistas Lois Patiño (FIDOCS, 2014) y Gianfranco Foschino, que desde un distanciamiento y una observación fija de la imagen objeto, logran comprender aspectos sociales relacionados con la geología, etnografía, antropología, y la psicología.

Sin embargo, entiendo el comentario de Cavallo acerca el distanciamiento de una tendencia de las artes visuales y el cine, a los relatos sociales y políticos de décadas atrás que abundaron y disfrutaron de gran fama local e internacional. Para entender esta argumentación hay que pasarse al otro extremo, y ver las exposiciones de Margarita Dittborn, “Ávido apetito” y Yaikel, “La experiencia en el paisaje”, que durante los últimos días han dado que hablar en medios de comunicación masivos. Sus obras nos muestran una posición política pasiva y una economía activa, actitudes que me reafirman que el concepto clásico de lo socio-político aparece como un escenario mudo, ambiguo y paciente, mientras que la actividad económica es un ejercicio dinámico, definido y directo, en el cual se produce el intercambio de ideas sobre tecnologías, viajes y gastronomía. Es la representación de una vida que se desarrolla en la observación distanciada del clásico concepto de lo político social, pero aún así es social.

El arte distanciado existe gracias a la situación privilegiada de sus artistas, sin embargo, como no contienen aspectos de la tradición socio-política, crece dentro de una burbuja que lo protege del exterior, en la cual se cultiva muchas veces el aburrimiento, los manierismos y la decadencia, pero tarde o temprano este escenario puede llegar a transformarse en algo más dinámico.

No es momento de generalizar, pues todavía se mantiene bien parada la tradición de obras que se interesan por situaciones humanas y movimientos sociales, cuyas burbujas también son pequeñas. Por ejemplo, el documental recién ganador en FIDOCS, Crónica de un comité, de José Luis Sepúlveda y Carolina Adriazola, cuenta cómo se constituye un comité solidario político, a partir de la muerte a manos de un carabinero, del joven Manuel Gutiérrez, en la comuna Macul, 2011. Seguramente somos muchos los que no pudimos verla en el FIDOCS 2014 y queremos verla luego, es de esperar que pronto empiecen a correr exhibiciones en universidades y en la cineteca nacional.

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