La vida de Adele, capítulos 1 y 2, (2013)


La belleza de la joven Adele a veces se oculta entre gestos masculinos que delatan su voracidad, pero eso no restará interés al espectador/espectadora de La vida de Adele, sino al contrario, una vez que comience a verla no podrá dejarla a un lado. Ella consume y disfruta sin fingir las cosas que prefiere, la comida italiana, los kebabs, libros sobre amores sin barreras, el cine de Kubrick y Scorsese, la música de raíces como el reggae, etc. Pero los chicos le gustan menos, en su colegio conoce a uno que le deja una sensación de insatisfacción y tristeza; ser franca y enfrentar su deseo requiere romperle el corazón a su compañero de escuela, o al menos darle una buena baja a su autoestima, lo que le hace perder cierta firmeza también a ella. A pesar de todo esto, Adele quiere dejar de ser una niña, es por eso que es perseverante en encontrar lo que busca.

Así como en la película de Francois Ozon, “En la casa” (2012), lo que se aprende en clases de literatura sirve a la trama como antecedente fantasmal para los o las protagonistas, en este caso, la profesora de Adele le enseña que la tragedia es lo que no se puede evitar en una historia, es un punto sin retorno cuya presencia es constante y eterna en la vida, como ejemplo nombra a la griega Antígona, quien como Santa Filomena, desobedeció la ley del Estado para favorecer a la ley de sus creencias divinas, diciendo “no he nacido para compartir el odio, sino el amor”.

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Distanciado del mito trágico y también de querer ser vocero de discursos pro gay, el director franco-tunecino, Abdellatif Kechiche, adaptó el guión del cómic “El azul es el color más cálido”, de la francesa Julie Maroh, manteniendo el núcleo de su trama -dos niñas que se enamoran en una edad muy voluble- pero presentando una protagonista diferente a la de la novela gráfica, en la película Adele vive llena de energía y sueños, que pasa bien la vida para sí misma, y no para entregar un mensaje a la posteridad, en el sentido de que al autor no lo motiva una historia que quiera enseñar una lección a sociedades homofóficas que discriminan la diversidad, sino, más bien, mostrar un mundo en el que dan ganas de vivir por sus colores, olores, sabores y otros placeres, pero en el que también se llega a sufrir, algo parecido a la vida misma.

De esta manera, vemos a Adele en sus andanzas por el colegio, calles y parques de Lila, ciudad del norte de Francia, enamorada de Emma, una estudiante de bellas artes que participa en los círculos de la alta cultura, de pelo azul, con quien experimenta la satisfacción de su apetito intelectual, culinario, afectivo, y sobre todo sexual. Su nueva relación la lleva a explorar los bordes comunicacionales con sus amigos, padres y al fin, con ella misma, para entrar luego en una situación donde los valores establecidos, como la fidelidad y los roles femenino-masculino también rigen. El azul y los colores fríos en los planos se ven en aumento a medida que pasan las tres horas de esta historia, denotando el proceso por el que la protagonista se hunde, que no es otra cosa que el amor y desamor de una niña de 17 años.

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9 comentarios en “La vida de Adele, capítulos 1 y 2, (2013)

  1. Sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… porque mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance.
    Soy lesbiana y estoy muy harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña basura… Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos… sólo sexo explícito, poses ridículas y morbo facilón para arrastrar a la gente a verla y convertirla en vouyers.
    Sin esas largas escenas de sexo la película habría ganado en dignidad y fuerza, precisamente es contraproducente a su causa este excesivo regodeo. En lugar de estas escenas (o de gran parte de ellas) se podría haber aprovechado metraje e incluir, por ejemplo, una escena de ataque homófobo de los que están tan tristemente vigentes en Francia u otros países europeos, eso sí contribuiría a una mayor sensibilización del público y no una escena como la de las tijeras con la que la película cae en el ridículo, se descalifica a sí misma y le da la razón a quienes afirman que es pornografía mostrada sólo con el propósito de excitar. ¿Cuál es la intención si no de regodearse de tal manera? ¿Si no vemos ocho orgasmos no entendemos la pasión entre ambas protagonistas? ¿O la “necesidad” de meter estos quince minutos de sexo salvaje era porque si no nadie aguantaría tres horas soporíferas viendo a una actriz con cara de empanada?
    Me pregunto cómo es posible que nadie (o muy pocos) vean lo que es en realidad esta película: una fantasía pornográfica de un director heterosexual, basándose en un juicio apriorístico de cómo follan dos lesbianas que no es más que su propio deseo puesto en imágenes (y además tiránicamente, en plan “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo mientras babeo). De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo, aunque realista, hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho y por eso ganó Cannes…
    Por eso, lo que me escama de todo esto (aparte de que me es imposible simpatizar con un señor que ha hecho que sus actrices se sientan poco menos que abusadas…) es que el director ha reducido una historia compleja sobre el amor, la amistad, la intimidad… en una larguísima escena de sexo hecha desde el punto de vista de un observador masculino y heterosexual (qué sorpresa) que reduce a las lesbianas y a las mujeres en general en objetos hipersexualizados cuyas prácticas sexuales son y deben ser aquellas que despiertan los deseos de este público en particular. Como siempre, se reduce a las mujeres (lesbianas o no) a lo mismo. Objetos. Objetos con los que vender, comerciar, excitar… objetos masturbatorios y poco más.
    Esta película no hace ningún favor a la causa homosexual, más bien todo lo contrario.

  2. Si me extiendo tanto y me expreso con tanta vehemencia es porque quiero que mi punto de vista (que es el de muchas lesbianas también) ayude a entender por qué tanta indignación justificada con esta película, por eso insisto en dar explicaciones de lo que considero que es un enfado lógico (el que también siente la propia autora del cómic) y no una pura histeria “porque sí”. Y si he adoptado esta postura tan beligerante con respecto a esta película es precisamente por lo descarado y ofensivo que me resulta su intención comercial. Precisamente creo que el director se vio obligado a incluir esos 10 minutos de sexo lésbico explícito porque si no nadie iría a ver una película de 3 horas, tan lenta, tan densa y tan poco comercial en todos los demás sentidos.
    Recomiendo encarecidamente la lectura del cómic original para que cualquiera compruebe la diferencia por si mismo en todo cuanto afirmo: claro que hay sexo, de hecho nadie niega la necesidad de que lo haya, pero está tratado de una manera completamente diferente: con buen gusto, sensibilidad y respeto. Son escenas estéticas y realistas, no tan facilonas, exageradas y burdas como en la película, donde la mirada masculina y casi onanista se delata por sí sola. La autora, Julie Maroh, también expresó su indignación al respecto. Conste, insisto, que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como “arte”. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual.
    Tened por seguro que si Kechiche hubiera dirigido “Brokeback Mountain” o una historia de amor con dos hombres como protagonistas, ni de coña se habría recreado tanto. Es por este cúmulo de circunstancias por el que las lesbianas nos sentimos tan ofendidas: se nos reduce siempre a lo mismo, al mismo papel de objetos destinados a dar placer o morbo a la audiencia… Es curioso que las mayores alabanzas procedan, justamente, de hombres heterosexuales; las mujeres, heteros o lesbianas, la ponen bastante peor y son mucho más críticas. Será quizá porque la cosificación sexual de la mujer es algo tan enquistado en nuestra sociedad, en todos los ámbitos, lo tenemos tan admitido, que ni se permite darle la vuelta cuando alguien lo cuestiona (y entonces, de hacerlo, se nos tacha de histéricas, mojigatas o estrechas de mente, como si confundiéramos “abiertos de mente” con “necesidad de mostrar sexo explícito”) y, como siempre, se visibiliza a las lesbianas sólo para la consecución del placer masculino; se las muestra como objetos sexuales en la pantalla con la hipócrita excusa de que es necesario ver esas escenas pornográficas para entender la vida de la protagonista. Y así, la vida de Adèle se queda reducida a “La vida sexual de Adèle”. Una película fácil, vulgar, pornográfica, con todo lo que podía haber dado de sí (no se dedica apenas atención a la lucha interior de la protagonista, a los conflictos con sus padres y amigas ni la solución a los mismos, no se incide en la necesidad de una mayor visibilización y normalización, etc)… Es verdaderamente una lástima.

  3. Hola, G,

    creo que puedo a llegar a entender tu indignación ante la estereotipación de la imagen de lo que crees formas parte, porque es fácil caer en ese sistema polarizado de positivo versus negativo, viejo versus nuevo, sensualidad versus conciencia, hétero versus homo, además estamos expuestas a cientos de mensajes que diariamente buscan ser autentificados por diversos números de personas. Te lo digo pidiendo prestadas las palabras de Susan Sontag, quien luego de entrar a la vida adulta se permitió amar a las mujeres, así como había amado a su marido, y amaba a su hijo. Ella dijo que la identificación es un proceso dinámico, que está ingresando a nosotros en todo momento, y hay que estar atenta o atento al absorberlo para no aprisionarnos en normas estereotipadas del tipo viejo-nuevo o femenino-masculino, y yo agrego hétero-homo.

    Te tomaste un buen tiempo para decirme lo que sentiste sobre la película porque te afectó, y pienso que ambas hicimos lo mismo al verla durante tres horas: escribimos sobre ella para expresar nuestra opinión. Eso me hace pensar también que reaccionamos ante el mismo estímulo pero nos dirigimos en distintas direcciones; mientras yo encuentro una voz femenina y actual en La vida de Adele, que tiene ecos de antiguas historias y mitos de mujeres, y quizás hayan débiles ecos de mi juventud, tú escribes en representación de varias personas (?) que están ofendidas específicamente por la escena de sexo, que a mí me pareció de las mejores que he visto; por primera vez vi que una escena de sexo muestra los cuerpos con sus anómalas poses, dentro de un contexto narrativo romántico y sin la violencia que normalmente se ve hacia las mujeres en las pantallas del cine y televisión actual. No me parece estés practicando una buena estrategia al despreciar una obra que hace una representación del anhelo de la libertad para amar y relacionarse, en pos de querer denunciar la discriminación o la estereotipación de los medios. La vida de Adele es una obra que entrega nuevos argumentos para defender esa libertad, y si no ataca la consecuencias mediáticas pienso que es porque su discurso social apunta al individuo, a la causa, y no al efecto.

    Saludos,
    Camila.

  4. Sinceramente, creo que el primero en despreciar el fantástico material que tenía entre manos y reducirlo a lo más fácil y burdo ha sido el propio director, que no ha dudado en utilizar déspotamente a dos actrices para poner en pantalla su fantasía y degradar el sexo lésbico a un espectáculo penoso de pura y gratuita concesión a las masas. Precisamente sin esas escenas, o sin haberlas alargado hasta el ridículo y la autoparodia, la película habría ganado en fuerza y trangresión. Personalmente me he sentido ofendida, sí, por una violación y degradación tan flagrante de lo que yo considero hermoso o valioso, pero no soy la única, puesto que esas escenas están sirviendo para que muchos pajilleros se masturben, y a una historia de tres horas poco más aportan.
    Por eso somos muchas las lesbianas que estamos indignadas con este tema, porque de verdad no soportamos que hayan reducido el sexo entre dos mujeres a un descarado espectáculo voyerista que los críticos se empeñan en calificar de “bello”, “realista”, “artístico”, etc. Es pornografía pura y dura, lo vemos clarísimo, y que traten de venderlo disfrazado de otra cosa y justificarlo de todas las maneras posibles es lo que nos indigna. Tiendo a pensar que los que defienden esta película e insisten tanto en el “es maravillosa, ha sido premiada y el sexo no importa”, lo hacen mayoritariamente desde los genitales en lugar de desde la razón, ya que no ven más allá en cuanto a intenciones del director, fijaciones morbosas, brutal diferencia con los temas del cómic, ofensa y humillación tanto a las actrices como a las lesbianas… pero todo eso da igual, una vez más, conseguidos los quince minutos de porno qué más da todo lo demás, si a los críticos heterosexuales les ha encantado. Éxito asegurado, mucho ruido, nada de nueces, insulsez (reconozcamos que la protagonista es una chica aburrida y de lo más vulgar), pero eso sí, provocación y sexo, que es lo único que entienden los culturetas modernos…
    Y si no, pregúntate: en una gran historia de amor clásica como por ejemplo, pongamos por caso “Los puentes de Madison” o “Casablanca”, ¿habría “necesidad” de mostrar una escena de 10 minutos con Ingrid Bergman a cuatro patas y Humphrey Bogart jadeante encima para “entender” su pasión y su amor? No, ¿verdad? ¿A que no sería necesario ni estaría justificado y nos indignaríamos si nos obligaran a creer lo contrario? ¿Entonces por qué en esta película es así?

  5. G, me recordaste de la primera vez que me sorprendí por lo dispar que es el mundo de la representación, fue cuando me di cuenta que de chica yo sentía más familiaridad con los protagonistas masculinos que con ellas, ¿extraño no? eso me pasó por el monopolio de los caracteres masculinos por sobre los femeninos en las carteleras de cine. La similitud está en que tú que añoras la época de oro de Hollywood, que lleva un campo historiográfico tan conservador y heterosexual el de como las historias creadas por Clint Eastwood. Bueno, todos tenemos nuestros contrapuntos internos. Sldos.

  6. Hola, yo pienso lo mismo que G: Esta no es más que una película plagada de tópicos facilones sobre homosexualidad con un guión naïf e inocentón en exceso que camufla sus carencias bajo toneladas de sexo explícito innecesario y planos de “visión masculina” absolutamente injustificados y que te recuerdan desde las primeras escenas que esta película de lesbianas “huele a polla” por los cuatro costados (lo que viene a decir que se nota a legua que está dirigida por un hombre). No me extraña nada que las actrices esté tan furiosas con el director; el montaje final de esas escenas de sexo roza el ridículo.
    Me acuerdo de Fucking Amal, de Lukas Moodyson, que con una película inocente sobre lesbianas, y que dura la mitad de tiempo, logra transmitir bastante más de lo que logra Adele en tres larguisimas horas.

    • Hola Silviasan,

      primero te quiero pedir si puedes indicar dónde dice que las actrices se sienten abusadas por el director, y segundo, agradecerte la recomendación, apenas pueda voy a ver la película de Lukas Moodyson.

      Siguiendo con el tema, mientras más pienso en las minorías, diversidad sexual, discriminación y todo el vocabulario clave que se pueda adjuntar, creo que sus críticas a la película vienen de un instinto que se expresa desde el detalle y no las deja ver el asunto como lo veo yo.

      Aquí en Chile, la proclama de los voceros anti homofobia dice: “Mientras más personas vean que la diversidad sexual es un hecho más de la vida, mayor será la empatía”, y a mí me parece que la película del francés busca esa meta, entonces me gustaría saber ¿porqué ustedes se niegan a ver esa posibilidad en La vida de Adele?

      slds,

      • Precisamente esa posibilidad tan necesaria y encomiable ha sido ahogada por el propio director al buscar y mostrar sólo sexo, escenas morbosas que llamaran la atención de la crítica y del público y sin las cuales esta película no habría dado en absoluto que hablar. Creo sinceramente, porque así se ve en el film, que Kechiche no quiso desarrollar con la misma extensión y profundidad ningún otro tema más que el sexual, disfrazando tal cantidad exagerada de escenas pornográficas bajo tres horas de “cine” y “arte”. El director parece que sólo se dirige a un público específico para que alabe su obra. Podía haber hecho una verdadera maravilla, pero se dejó cegar por el sexo y eso probablemente es el primer punto de inflexión donde se arruina la película.
        Una de las pruebas de esto, que es además otro de mis principales motivos de queja y frustración, es la escena suprimida en el montaje final de los padres de Adèle echándola de casa cuando la pillan en la cama con Emma, que en el cómic marca un punto de inflexión importantísimo en la vida de la protagonista y así debería haber sido igualmente en la película para entender mejor su desamparo y su soledad. Esta escena sí que es vital para la trama y no la de las tijeras, por ejemplo, a la que se dedica una atención que roza el ridículo. ¿Por qué se suprimió entonces? ¿Para darle más minutos al sexo? ¿Es que no eran suficientes? Resulta incomprensible. Si sabes darme una explicación a esto te lo agradecería, porque yo no la encuentro y me da mucha rabia que se haya eliminado una escena tan importante. Esa escena sí que habría despertado la empatía del público hacia las dificultades diarias de los homosexuales, no verles follar en infinitas posturas, eso no aporta nada más que puro morbo.
        En cuanto a las declaraciones en contra de Kechiche de ambas actrices, así como de la autora del cómic, tienes numerosas muestras en internet: las dos expresaron su disconformidad con los métodos usados por el director, Seydoux llegó a afirmar que en las interminables sesiones de sexo se sintió “prostituida”, y las declaraciones de Julie Maroh fueron las siguientes: “No he sido capaz de encontrar en estas interpretaciones a los personajes que yo creé. Las escenas sexuales son irreales, un escaparate brutal y quirúrgico, exuberante y frío de supuesto sexo entre lesbianas, que se convirtió en pornografía. Los homosexuales que vieron estas escenas “se reían” porque “no eran convincentes y las encontraron ridículas”. Y los pocos que no se estaban riendo eran los hombres, demasiado ocupados saboreando la encarnación de sus fantasías en la pantalla”. En resumen, Maroh cree que la adaptación de la novela se ha convertido en un proyecto vouyerístico, más centrado en reflejar las fantasías masculinas sobre el sexo lésbico que en hacer un retrato realista del lesbianismo.

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