Philomena (2013): El viaje espiral de dos irlandeses


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Veo esta película meses después de su estreno en Chile, momento en que la Iglesia Católica se ve obligada a investigar a un conocido sacerdote santiaguino, por las adopciones ilegales de hijos de madres solteras, que gestionó durante las décadas de los setentas y ochentas. Hasta ahora poco se sabe de los casos, sólo lo que un medio digital publicó para difundir la punta del iceberg.

La historia de Philomena es similar y realmente sucedió en Irlanda a principios de los años cincuentas, cuando la adolescente Srta. Lee enfrenta su embarazo como si fuera un castigo divino en el convento de los Sagrados Corazones. Luego de dar a luz, comienza a trabajar de lunes a lunes en la lavandería de la institución a cambio del cuidado de su pequeño Anthony, a quien las monjas del convento entregan en adopción por dinero, sin siquiera preguntarle a la madre.

La adaptación cinematográfica de Stephen Frears, protagonizada por Judi Dench, muestra a Philomena cincuenta años después, jubilada y más católica que en sus tiempos de juventud, revelando a su hija la historia de su primogénito, sólo después de haber pasado por un proceso de análisis interno, donde los argumentos del secreto guardado se desarrollaron de culpa en culpa.

Es entonces cuando su hija le presenta a Martin Sixsmith, (Steve Coogan), un periodista con cierto reconocimiento mediático que se acaba de quedar sin trabajo, se diagnostica depresión, y además es ateo, es decir, una personalidad contraria a la de Philomena, sin embargo, ambos se convierten en compañeros de viaje para ir en busca de Anthony, y hacer un reportaje que llevaría de vuelta a Martin a las pistas del periodismo.

Lo brillante de esta película proviene del entrelazamiento de los personajes, ella más expresiva que nunca en su vida, y él intentando contener su enojo, tristeza, y juicios contra el dogma, de manera tal, que dialogan dejando a las religiosas malignas al margen de la conversación, definiendo el encuentro de una generación que es conservadora de la tradición católica apostólica romana, con otra que es activista de la libertad de expresión, sin embargo, ni Philomena o Martin buscan ser los estandartes de los valores sociales que representan, sino más bien dejar las medias tintas de sus propias existencias.

Esto no es seguro, pero es probable que en nuestra versión local del caso “Adopciones ilegales”, no vayamos a ver en los medios masivos ni una fracción de la bondad que llenan a los personajes de Philomena, porque tal como cuenta la biopic, el periodismo está acostumbrado a denunciar situaciones de manera golpeadora, efectista, casi siempre de interés político y/o económico, y pocas veces narran historias humanas, pero sería útil que historias como la de Philomena Lee, el libro o película, fomentaran la matización del formato bipolar tan usado en Chile, el cara o sello.

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