Imaginando el cine de Pablo Larraín


Haber esquivado Fuga por años tuvo sus recompensas. Muchas veces vi el afiche e imaginé la historia detrás -un pianista perturbado, rompiendo sus instrumentos musicales y delirando con brotes de sangre-. No tuve motivos para verla hasta hace poco tiempo.

Después de ver las dos películas siguientes del director, Tony Manero y Post Mortem, encontré un patrón común que me llamó la atención: El cuidado geométrico de los cuadros, la uniformidad de la luz y la contención de los personajes y objetos. Así, y conversando sobre estas películas, me decidí a ver el debut de Pablo Larraín en busca de esa estructura o de cómo la formó.

Para entender Fuga dentro de la obra de Larraín, no es posible apartar de la vista aquellas imágenes que parecen sacadas del diario mural de un adolescente de los ochentas – noventas. Aunque hoy parezcan (en verdad lo son) un gran desperdicio, los pianos rotos, las partituras ensangrentadas, los chorros de sangre y las imágenes oníricas de cantantes líricas, provienen de imaginaciones, distorsiones o continuaciones de lo barroco, estilo que ha estado presente por generaciones en la narración melodramática.

Hoy ese género se ha  perdido en cruces como la dramedia y el docudrama.

En Fuga, pareciera que la vida del pianista Eliseo Montalbán obedece a pulsaciones de ese género medio perdido. (Si tiene dudas, compare este video con algunas de las ideas visuales de Fuga y comentemos luego). Partes de su trauma, evasión y terapia se ven en relación desmedida con la otra parte de la misma historia, donde está el músico-investigador, Ricardo Coppa. Es decir, por un lado, vemos las fisuras que marcan al músico representado por Benjamín Vicuña, y la búsqueda por desprenderse de ellas. Y por el otro, está el actor argentino, Gastón Pauls, quien intenta recopilar el trabajo de Montalbán y así revelar la intriga que éste le provoca.

Ambas perspectivas coexisten de la siguiente manera: una muestra lo que quiere olvidar, y por lo tanto, sólo puede recordar, mientras la otra busca lo que no tiene y, por lo mismo, no lo puede obtener. Y así hasta que ambas pistas se encuentran. Pero ¿qué se puede esperar de una historia como ésa? ¿Qué es lo que Larraín quería mostrar en medio de ambas historias?

Si estas historias alguna vez fueron paralelas, como aparecen en la película, pienso que fue un momento en que la frustración era el drama central del artista novato, y que era eso lo que Larraín necesitaba para partir. Luego de eso creó historias menos íntimas y más santiaguinas, con fisuras más crudas, aunque más escondidas entre capas, disminuyendo en grandes proporciones la floritura anterior. Y con esas cualidades creó personajes que no van en busca de un ideal, pues se ubican al margen de lo histórico, lo romántico y de las ideologías conocidas. Tanto en Tony Manero como en Post Mortem, el protagonista, interpretado por Alfredo Castro, persigue la sobrevivencia inmediata. Ésa es la intriga que parece no terminar.  Un misterio que me recuerda al cine del alemán Reiner Fassbinder.

Entrar al Santiago creado por Larraín incluye ver instrumentos de trabajo rechazados y destruidos, lo que pasa también con calles, edificios,  cines y escenarios. Las caras de los hombres son inexpresivas y en las mujeres cargan tristeza o enojo. Y la cosificación más mínima de una emoción personal se ve en su última película, Post Mortem, con el huevo que se quema en el sartén del empleado forense.

La ciudad descubierta por Larraín es tétrica, cierto, y me hace querer mirar otras cosas. Pero aún así volveré la vista sobre su próxima película. Que el término sus películas sea con cabos sueltos da la sensación de que continuará la historia. No hay indicios de si puede ponerse peor o mejor, tal vez está recién comenzando. Pero sin duda, ha sabido crear incertidumbres.


Anuncios

2 comentarios en “Imaginando el cine de Pablo Larraín

  1. ¿Será que al corazón de alguien que se descubre como artista siempre están esas tensiones y dualidades? Tal vez hay que enfrentarlas, estrellarse, disolverlas y -como bien dices- cosificarlas antes de pasar a otra cosa. Siento que la discusión sobre Larraín en este blog recién comienza…
    Ahh, y la conexión The Cure… notable!!!!

  2. Hola Camila,
    Me gustó eso de no tener motivos para ver una peli, lo incorporaré a mis argumentos.
    Voy a terminar de ver Tony Manero y dejaré de hacerle el quite a Post Morten, para poder disfrutar aun más tu análisis, Camila.
    Esquivar en como fugarse, pero como más swing.
    Un abrazo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s