La vida de los peces y la de una


El estar solo es una de las condiciones del ser. Tal vez también los animales se dan cuenta de ello, pero sólo los humanos luchamos contra esa circunstancia.

Tener conciencia de ser uno es algo que pocos ven positivamente. Claramente tiene sus dolores, pero también conlleva al razonamiento templado, a la higiene emocional, a la autonomía y a la creatividad, cualidades humanas que bien sirven a sociedades alteradas como la nuestra.  Sin embargo, la individualidad se confunde con la soledad.  Para no caer en eso, considero que la compañía es una convención entre dos o más personas, para mantener juntos sus carriles  y que se dicen: “tú/o ustedes y yo haremos cuenta de lo que hacemos y de lo que nos hacen otros. Mantengámonos informadas/os. Vamos hacia un lugar común, pero cada uno/a en su carril”.

Con pocas personas se puede estar de muy de acuerdo, y no por mucho tiempo. Y eso es igual para todos. Cada persona tiene un modo de vivir. En un periodo se puede estar dentro del carril de otra(s) persona (s), y luego, llega el momento de -o elegir- salirse del carril ajeno, y avanzar en el propio.

Son éstas las cosas que me dicen que los espacios íntimos hay que re-armarlos y no continuarlos. Observando los espacios públicos y transitables, que es donde se proyectan eventualmente los comportamientos domésticos, -y donde la arquitectura se hace cada vez más invisible- no queda mucho más que mirar el movimiento de las personas y enterarse –usando el sentido común- del triste estado en que se encuentran hoy las vidas privadas.

Es una tristeza que no se reconoce, de la que no se conversa, pero que se ve. Y la mirada del cineasta Matías Bize, en su última película La vida de los peces, es prueba de ello. Si bien la película ganó importantes premios en Europa como mejor representante del cine hispanoamericano, en Chile el medio audiovisual pregunta por qué tan solo tuvo 33 mil espectadores.

Esta contradicción viene prefijada en la historia de Andrés. Desde el inicio vemos a un solitario dentro de una situación de sociabilidad y amistad: el cumpleaños de un viejo amigo de infancia. Pienso que LVDLP ha sido la mejor película de Bize porque a partir de sus primeros trabajos ha ido ampliando su estudio de lo íntimo. Desde En la cama,  Lo bueno de Llorar y también pasando por el cortometraje que hizo con la cámara de un celular.

Hay preguntas en LVDLP que salen más definidas que en sus anteriores películas, por ejemplo, ¿se quiere formar un núcleo de personas alrededor de uno?, ¿se puede planear uno?, si formáramos uno, ¿decepcionaremos? Y si eso también ocurriera, ¿querremos abandonar al grupo?, y después ¿querremos formar parte de otro? El propósito de la película no es responder, sino descubrir lo que une a los grupos humanos en el lenguaje propio de la temprana adultez.

Son preguntas que en un mundo ideal deberían cruzarse en la mente en el momento previo a una elección. Sin embargo, muchas personas pagan para que alguien se las haga en una consulta sicológica, y les den una respuesta acorde a lo que se cree es normal. Personalmente, me parece que esas terapias implican una entrega de autonomía personal de gran valor, en comparación a lo que vale ver una película como LVDLP en el cine.

Desde mi punto de vista, no es fácil ver la situación de Andrés, quien retorna a enfrentar un capítulo no cerrado de su vida, sin empatizar. En ese sentido, la iluminación de LVDLP juega un papel básico al mostrar en el lente (los ojos) los reflejos circulares que aparecen y desaparecen. Y aunque los objetos se enfocan y desenfocan ante el encuentro de los personajes de Santiago Cabrera y Blanca Lewin, las alusiones audiovisuales de las emociones que flotan en La vida DLP se hacen familiares en uno.

El Matías Bize de LVDLP no es ingenuo como podría pensarse del que hizo Lo bueno de llorar. Aquí no hay un tenaz héroe romántico ni galán seductor. Es la situación del re-encuentro la que merece ser analizada como una paradoja amorosa muy real en estos tiempos.

Y saber quién es Andrés fuera de la casa del cumpleañero no es una intriga, él se presenta desde el principio, cuando sus amigos en el baño hacen la pasada de lista de quién es quién ahora, en comparación de quiénes fueron. Y desde ahí, veremos al protagonista mirándose al espejo, subiendo y bajando escaleras de la casa, siendo escrutado y escrutando a quienes lo rodean. Rearmando su intimidad.

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3 comentarios en “La vida de los peces y la de una

  1. Hola Camila!. Estás escribiendo increíble. Los 4 primeros párrafos deben ser de lo más iluminador que he leído en mucho tiempo. Tu capacidad de observación es exquisita.
    La Peli, de Bize no la he visto, por eso, leí el resto como a la defensiva. pero, lo anterior: los carriles, la soledad, la arquitectura y el comportamiento uffffffffffff.
    Te felicito!
    Un abrazo
    Paulo

  2. Paulo,
    bienvenido nuevamente. Me alegra un montón que aún visites el blog.
    Espero que un día de éstos continuemos conversando de cine y lo demás.
    Saludos,
    C.

    pd: espero que no te hayas ofendido finalmente. me cuidé de no contar mucho de la historia de LVDLP.

  3. Sería genial que conversemos de cine y de lo demás!!

    Mira, te dejo un link, de la peli que estoy haciendo cuando tengo tiempo, ganas, voluntad y dinero.
    Se llama Aguas Confinadas. Es la historia de un hijo que irá tras las clases de paternidad pendiente.

    Esta sería la escena inicial o el opening.

    Un gran abrazo!
    Paulo

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