Mujer mira adentro


Estaba una mujer muy nerviosa porque no sabía qué hacer para obtener algo de satisfacción. En momentos como ésos, a veces lograba centrarse y retomar el orden de su vida para trabajar en lo que más le gustaba hacer, pero esta vez no alcanzaba a concentrarse porque su insatisfacción también era amorosa. En esta situación circular, la mujer extrañaba todo lo que veía y lo que tenía, lloraba cada 10 minutos en silencio y otras veces llegaba a gemir.

La mujer buscaba calma y la encontró casi sin advertirla. Sucedió algunos días después de convertirse en una amante de los gatos, mientras estaba acostada con su felino en la cama e intentaba escribir sobre la relación intermitente que tenía con su hombre. Como tampoco se contentaba con eso, dejó el lápiz y se acercó a recibir los rayos del sol en su ventana. Cerró los ojos y tuvo un sueño, vio a su hombre dentro de ella, y pudo ver lo que no entiende de su hombre, después, por añadidura, vio lo que su hombre no entiende de ella. Aunque la revelación sucedió en una brevedad, el espacio que vio era muy amplio, aún así alcanzaron a verse los ojos para decirse que tenían tiempo para conocerse y amarse para siempre.

Al abrir los ojos la mujer olvidó los detalles del anuncio, también las cosas que no lograba comprender de él. Para solucionarlo, le pidió a él que le dijera qué es lo que no comprende de ella. Sin embargo, las palabras de su hombre fueron abruptas y brutas; le respondió que prefería no meterse en problemas.

Tal vez la respuesta de él fue justa, pero ella no estaba tranquila luego de haber entendido algo tan esencial y luego olvidándolo. Así que la mujer persistió en el intento de dar con esas imágenes cortas que le produjeron tanta satisfacción. A pesar de que su porfía le trajo problemas con su hombre, lo que más deseaba era anotar las cosas que había olvidado.

La mujer intuye que recurrir a la fantasía no resolverá su problema, pero en el fondo, sabe que la verdadera respuesta vendrá con otro rayo de luz que la atraviese. Entonces, un día se le ocurrió que mientras eso no sucediera, usaría una de las imágenes más luminosas que guardaba en reemplazo de las que había olvidado. Eligió una que apareció cuando era una niña de calcetas hasta la rodilla, la que le recordaba su breve historia de amor con caballos.

Así, la mujer comenzó llenar el vacío que le producía el sentimiento hacia su hombre con un recuerdo imaginado, que le entregaba el calor de la revelación inicial, y además, no olvidaba ni un detalle de esta ensoñación placentera. Ella se veía en un pastizal en una mañana de verano, en un campo soleado, y no tenía más intenciones que estar entre los fuertes caballos que la rodeaban y la acogían. En el  sueño se escuchaba su propia risa y el ruido del movimiento de los animales con el pasto seco; ella veía su pelo más claro, su piel más brillante y la sonrisa con dientes más grandes. Al fin la felicidad cabía en su mente.

Sin embargo, luego de que la mujer usara ese recuerdo durante varias semanas , la interrumpió un pensamiento que le explicaba el origen de su historia de amor con los caballos; el recuerdo había salido de un cuadro que había estado colgado en su sala de clases de hace muchos años atrás. Aunque la mujer no quería comprender de esa forma el recuerdo que la había hecho feliz, era inevitable su desgracia, pues además, notaba claramente que no era ella quien acariciaba a los caballos, sino era una rubia que parecía escandinava. Entonces, la mujer decepcionada se hundió sin obstáculos en la depresión, y el hombre que se había convertido en su marido seguía sin comprender a su mujer.

La mujer no dejaba de preguntarse por qué su único recuerdo de felicidad se había convertido en una pared con un cuadro. Entonces, volvió a llorar por el vacío, el abandono y la extrañeza de todo lo que la rodeaba.

Inmediatamente el hombre notó que su mujer había perdido algo importante y nada de lo que él le ofrecía la consolaba. Él no sabía qué hacer para que su mujer volviera a cocinarle, a acariciarle el pelo, a besarlo o incluso a mirarlo. De un momento a otro dejó de confiar en ella, pero nada más cambió, siguieron viviendo juntos cada uno con su tristeza. La de él era la idea de que su mujer ya no lo quería.

El silencio entre esta pareja era tan inalterable que una tarde un gato se aprovechó de ello, y entró a la casa a vivir sin que ninguno de los dos advirtiera su presencia al otro. La mujer se ocupaba de las necesidades del gato y el hombre se entretenía mirando al animal moviéndose por su casa. Ambos le tomaron cariño al animal. La mujer volvió a ser la amante de gatos que había sido años atrás cuando era una señorita que escribía en su cama lo que le ocurría, acompañada por su gato.

En eso estaba la mujer, cuando el vaivén de la cola del gato que le acariciaba la frente la hizo dormir profundamente. Despertó cuando ya era día, abrió las cortinas para recibir los primeros rayos de luz que apuntaban a su ventana. Envuelta en una manta se posó frente a la celosía para mirar fuera, y luego cerró los ojos por un breve momento. La luz la atravesó nuevamente. Se vio, era ella esta vez, entre sus amados caballos, suaves, contundentes, y tibios. La felicidad había vuelto, pero en un instante sintió lejanos los habituales pasos sigilosos de un pequeño felino que se acercaba, el gato llegó al pastizal y con su mirada la mujer se dio vuelta a verlo, y sin dudar, ella se levantó del suelo y se dirigió hacia él, siguiéndolo por el soleado camino que se le hizo muy familiar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s