Alicia está sola


Había buscado en la biblioteca, en el cine, en la plaza, en el museo, en una fiesta, en un café, en la vega, en un recital, y ahora estaba frente a la cajera del supermercado comprando una botella de vino, cuando lo vio. Él estaba farfullando maldiciones  en la fila de la misma caja.
El hombre estaba apurado, se salía de la cola para mirar a quien atrasaba su almuerzo. Era esa mujer que se demoraba tanto en pagar una botella de vino. No lograba entenderlo, su mirada era de profundo sufrimiento y tristeza.
Alicia echaba la botela de vino en una bolsa cuando vio lo impaciente que se encontraba ese hombre a dos metros de ella, y sintió una simpatía instantánea hacia él. Alzó la palma de su mano para que se calmara y después, cuando estaba lista, la sacudió para despedirse. Alicia caminó rápido y en el estacionamiento se escondió detrás de un pilar, y se quedó ahí con los ojos cerrados, esperando.

El hombre de la fila pasó apurado por su lado y ella alcanzó a tomarle la mano. Él se da vuelta, la mira y le pregunta “¿quién eres?”
-Hola, soy Alicia, respondió aún con la mano tomada.
-¿Qué quieres?”
-¿No me vas a decir tu nombre?
-Me llamo Pedro…, le quita la mano y la queda mirando de más cerca.
-Pedro… te quería preguntar si ¿querrías tomar este vino conmigo?”
-¿Quién crees que soy?
-Nadie aún, sólo me gustaría compartir una copa contigo.
-¿Y por qué?
Ella se acerca aún más, y le dice, me gusta tu pelo gris, y las pequeñas arrugas cerca de tus ojos. Se mueve alrrededor para contemplarlo.
-¿Y te gusta el anillo que llevo en mi mano?
Ella se quedó mirándolo intentando descifrar su pregunta y le responde:
-Te casaste y eso significa que si te logro conocer, más pronto te irás sin dar explicaciones, para variar… pero antes, ¿me respondes?, ¿quieres ir a mi casa? le tomó la mano por segunda vez.

El dio un paso atrás y la vio con suspicacia, no alcanzó a pensar mucho más cuando ya estaba en su auto con Alicia. Allí Pedro le dice que ese no es su verdadero nombre, que en verdad es Gabriel. Se quedan mirando y se ríen al mismo tiempo.
-Está bien, le dice Alicia, yo no te he mentido, pero cuando lo haga no esperes que confiese.
-De acuerdo. Gabriel se mantiene en silencio mientras ella le da indicaciones para llegar a su casa.
-Vives lejos de donde estábamos.
-Sí, estaba invitada para ir a almorzar a la casa de un amigo, en el camino fui a comprar una botella de vino pero tú me distrajiste, y aquí estoy, dijo con entusiasmo.
Gabriel prende la radio y se pone a buscar una canción en un cd que tenía puesto. Ella mira su mano, ve el dedo índice que aprieta el botón para adelantar el disco y dar con una canción que según él “está hecha para la situación”, es la mano que lleva la argolla de oro.
Ella le sugiere en medio de risas que sería mejor si la primera radio fm que suene, les dedicara una canción. A él le pareció conocida esa idea, quizás había sido una línea en algún programa de televisión o en una película. Acepta y pone la radio.
La primera radio que sintoniza toca una canción de The Cardigans, se llama Hanging Around, igual que una de The Stranglers. Gabriel no conocía lo que escuchaba, Alicia en cambio se puso a hablar del video de la canción.
-Es un homenaje a la película de Roman Polanski, Repulsión, con Catherine Deneuve… se trata de una peluquera extremadamente linda y tímida con los hombres. Los ignora, pero cuando uno de ellos comienza a admirarla, la indiferencia de ella lo lleva a pensar que se rehúsa por una contensión de niña conservadora/mojigata, sin embargo, ella, además de ser así, sufre de alucinaciones que la acosan. En su imaginación cuerpos y manos sin identidad intentan violarla. La mujer-niña es una cerrada. Un día decide no salir de su departamento movida por el terror a tener que enfrentar un coqueteo o cita más, y se queda ahí para no tener que defenderse de los hombres, pero no le sirve de nada porque igual encuentra a alguien que la acose.
Gabriel la mira y con interés le pregunta ¿y después, qué le hace al acosador?
Ella lo mira, dobla la cabeza hacia un lado y dice “lo mata”.
-¿Y tú eres una depredadora también?” pregunta entre asustado y divertido.
Ella se ríe y rápidamente se pone seria. “No te preocupes, yo sólo quiero conversar.”
-Qué bien, me interesa mucho saber eso porque, ¿qué pasa si no quiero conversar? … mi señora está en casa y, al igual que tú, se muere de ganas por conversar y compartir anécdotas conmigo.
Es primera vez que Alicia se demora en responder, mira hacia fuera por la ventana y pone una mano en su boca.
-entonces ¿no quieres conversar conmigo?
-Es que me cuesta creerte, va a ser mejor que te bajes aquí, y se estaciona.
-Está bien, pero ¿aceptarías hacer un negocio conmigo?
Gabriel cruza una mirada de lástima con ella mientras se abalanza a la puerta de copiloto para abrirla, sus cabezas quedaron a pocos centímetros. El silencio de él es tajante.
-Sería un acuerdo sólo entre nosotros para conversar cuando podamos, sin frecuencia determinada, y con pago por adelantado. Alicia saca de su cartera varios billetes.
-Es lo que tengo ahora, pero luego podemos quedar en lo que te convenga más.
Gabriel no podía creer lo que escuchaba, ni siquiera daba crédito a lo que pasaba por su cabeza, que alguien le estaba cargando una broma de cámara escondida, pero cómo una mujer sin ser fea, como era Alicia, iba a pagar por compañía. Estaba mudo en su auto, esta oferta lo había sacado de contexto.

Alicia se bajó del auto y le señaló con su mano el edificio que está en la esquina.
– Ahí vivo, en el tercer piso, espero verte pronto, dejó los billetes en el asiento y se fue. Gabriel le sigue los pasos con la vista hasta que Alicia cierra la puerta de entrada del edificio. Luego de unos minutos logra salir de la exaltación en que Alicia lo había puesto, y se dirige a su casa.
Su señora lo estaba esperando, una rubia de look diáfano con un vestido corto floreado, le abrió la puerta y lo saludó amorosamente, Gabriel se sintió cómodo de nuevo al verla.
-¿Por qué te vienes riéndo? le preguntó Susana.
-Es que una mujer totalmente psicótica me pidió que la llevara a su casa en el estacionamiento del supermercado, y cuando se bajó del auto me dejó esto en el asiento. Y le muestra a su mujer un abanico de billetes.
Susana dio un grito de sorpresa ¿Y por qué no tomó un taxi?
-Te digo que vivía totalmente fuera de la realidad, me invitó a tomar vino a su casa pero no acepté y me ofreció plata, ahí se puso muy incómoda la situación, entonces le pedí que se bajara,y lo hizo, pero dejó los billetes en el auto sin que me diera cuenta.
Susana tenía la mirada fija en la de él.
Gabriel, le dijo, necesito muchos más detalles para comerme toda esta historia.
– Amor, fue increíble, si un amigo me la cuenta no se la creo, pero te juro que es verdad. Gabriel se había alterado de nuevo, pero al ver que Susana estaba riendo, se puso rojo de vergûenza y le dijo que se ducharía para almorzar pronto.
Era domingo de pascua y, como cualquier domingo, después de almorzar ordenaron la cocina, luego se pusieron a leer el diario, compartiendo los suplementos y comentando las noticias que les llamaba la atención.
Alicia estaba en su departamento mirando por la ventana de su pieza, veía en la calle niños que bailaban disfrazados de animales. De la cocina salía el olor de la sopa de mariscos que estaba cocinando. El vino blanco que había comprado lo había puesto en el refrigerador, fue lo primero que hizo cuando llegó del supermercado, después fue a su pieza y tiró la cartera encima de la cama deshecha y sobre las sábanas se desparramaron unos huevos de chocolate.

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